viernes, 22 de julio de 2011

El humo de los jóvenes


Los tiempos cambian lo que en décadas pasadas traían tranquilidades diversión y paz para almas juveniles hoy son suministradas por otros condimentos diferentes que nutren las rebeldías los sueños interrumpidos y aquello que los intelectos intentan disfrutar en comunión o en soledad.
Otras generaciones tienden a minimizar y desprestigiar las conductas de los jóvenes sin comprender lo difícil y sacrificado que es ser joven en los tiempos que corren. Una sociedad consumista que vende por todas partes la idea de aburguesarnos rápidamente, que dinamita los bolsillos a la hora del consumo normal y vital, que nos nutren a diario por los medios comunicacionales con contenidos de cartón, todo ello es absorbido por jóvenes que deambulamos por las calles.
Una sociedad que invierte ordenes generacionales que se pensaban normales, jóvenes viejos, viejos jóvenes, parejas con diferencias notorias generacionales, todo esta patas para arriba, nada es homogeneo todo es heterogeneo. Ser joven en otros tiempos era estudiar y quizá alguna changuita para tener unos mangos extras, pero el estudio era el pilar normal para el tránsito cotidiano, en los tiempos que corren los jóvenes son interrumpidos en sus ambiciones de estudio por el trabajo por diferentes obligaciones que exige este sistema inmoral, porque también el modelo educativo reprime en vez de integrar, porque ser joven también requiere diversión y goce normal de una etapa única de nuestras vivencias. El humo de los jóvenes del hoy suministran aquellas alegrías en seres contaminados por una sociedad suciedad que no tiene contemplaciones ni pausas, que no mira personas, que mutila y nos contamina, que minimiza los pensamientos juveniles que los subestima y no comprende las dificultades del tránsito diario.
Porque si un bendito día el amor golpea nuestras puertas y pretendemos generar descendencias hacia el futuro tenemos que pensarlo varias veces, porque el vivir inflacionario nos mutila, nos condiciona, tiende a frenar nuestros corazones, nos condiciona a la triste penuria de nublar nuestra esencia vital para el país del mañana.
El aparato globalizado tiende a ver a los jóvenes como niños en crecimiento fáciles de manipular y distorsionando sus críticas y rebeldías como insignificantes y carentes de valor ante un entorno reinante inmoral y despiadado.
El humo de los jóvenes en su justa medida es bienvenido, siempre y cuando la desesperación no inicie una cadena sin retorno hacia otros consumos que perpetúen llegadas sin retornos; es esa justa medida de un equilibrio necesario, como las bebidas con alcohol, como el cigarro de tabaco o el juego desmedido. Ningún vicio es malo si se encuentra la medida justa, el equilibrio sagrado, la herramienta para todo orden de la vida. Nuestra sociedad tiende a señalar con el dedo fustigando aquello que nuestra conciencia no logra entender, porque lo desconocido siempre tiende a ser mal visto; aquel que diga que lo conoce todo, que tiene el cielo ganado no solo que miente, su interior esta vacío, la vida es un eterno aprendizaje para todas las generaciones, todos debemos aprender de todas las generaciones, lograr encontrar ese equilibrio justo entre el hablar escuchar pensar y reflexionar.
El humo de los jóvenes merece ser comprendido y respetado, el ser joven no es un crimen, es la etapa media que garantiza el país del futuro.


R.L.P.B

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Wikipedia

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