martes, 5 de julio de 2011

Saturados de la mano dura (Cuando llora la esperanza)


Uruguay padece desde hace unos cuantos años la probelmática ininterrumpida y creciente de la minoridad infractora, así como también una criminalidad en aumento ante una crisis social agravada, sectores marginales sumergidos en la mas extrema pobreza, contaminados por problemáticas dispares, drogas, carencias familiares, segregación social todo ello reina ante incapacidades de todos los gobiernos anteriores sin generar políticas sociales que garanticen otros desarrollos, en una cadena generacional de la pobreza creciente y preocupante. Ante una demandante crítica sistemática hacia el sector gubernamental, se han decidido iniciar una especie de campaña mediática con la mano dura como estandarte denominados operativos de saturación. Me ha tocado charlar con algún oficial de gendarmería de forma casual para saber de primera mano que se logra con todo esto. Las respuestas obtenidas son las que esperaba, estos operativos son fieles exponentes de una tendencia de asistir contener pero no son soluciones certeras que consoliden detener una tendencia triste, alarmante que vivimos día a día todos los uruguayos.
La mano dura jamás construye valores esenciales que garanticen otros comportamientos, no generan conductas pacifistas ni herramientas nobles que garanticen otros desarrollos de nuestros sectores marginales. Solemos comprar el circo orquestado, pensamos contar con seguridad al ver despliegues al mejor estilo de películas de ciencia ficción sin darnos cuenta la realidad de un triste pan para hoy hambre del mañana. Quizá tendríamos que preguntarle a nuestros hermanos norteños, a ver si con su mano dura de guerra han solucionado una problemática de horror que contamina el normal transcurso de la vida pacífica y respetuosa en América Latina.
Al igual que en otras instancias dónde uno intenta desde su pequeña óptica de Oriental joven y sin las herramientas de los ilustrados estudiosos, analizar y reflexionar sobre una tendencia generalizada por un modelo decadente que no ofrece garantías de fondo, que contiene, asiste y frente ollas de presión, cuando los flagelos sociales merecen bisturí a fondo en sintonía con otros actores sociales para garantizar otro Uruguay del futuro. Es justo decir que la era progresista tiene otra sensibilidad social a diferencia de otros gobiernos, extiende la mano, pero en mi modesta opinión no alcanza, no soy partidario de la asistencia sin educación de calidad para todos sin excepciones y un conjunto de medidas sociales que perpetúen otras condicionantes para el futuro. Si será grave la situación que hoy en día centenares de familias aristocráticas haciendo uso de su poder adquisitivo emigran hacia la periferia de la capital en especies de barrios privados contando con seguridad de la mas avanzada tecnología. Realidad triste que reina en varias latitudes del concierto latinoamericano, con la clásica historia de los pobres del medio siendo siempre los mas perjudicados.
Estamos saturados de la mano dura, es triste ver operativos de guerra por todo lo ancho y largo de la capital montevideana, es penoso ver como los resultados son insignificantes para el aplauso popular. Estamos saturados de una guerra sin fin ciudadana, de ver a diario el crimen como moneda corriente, saturados de ver como grandes medios comunicacionales meten esa sutil y siempre demoníaca mano tendenciosa para generar pánico y conductas intimidatorias de todos. De ver como esos dueños de la información disfrutan a diario con el dolor y la sangre ajena. Uno piensa porque en vez de transmitir ese circo sádico y morboso diario no inician una campaña seria responsable y de lealtad oriental para pregonar valores, contenidos serios responsables que contaminen nuestra sociedad con otras conductas y no esas señales de cartón, esas programaciones sin moral, sin reflexión. Quizá sería hora de exigir por parte de nuestros jerarcas una legislación apropiada que cambie al dueño de nuestros hogares como lo es la cajita cuadrada cada día mas utilizada como elemento disuasivo y generadora de anti valores.
Estamos saturados de la mano dura, palafraseando al inmortal Pablo Estramín "El garrote no cambia nada, Salud, Vivienda y Escuela" (Cuando llora la esperanza)

R.L.P.B

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