lunes, 27 de julio de 2015

Simplemente Pepe



Ni el mas aventurero cineasta podría imaginar el desenlace de una vida cargada de condimentos; el Pepe, si, ese de modesto andar de humildes vestimentas, si, el Pepe, el de la chacra, si el Pepe, el de la perra Manuela, el que estuvo preso por imaginar un país distinto.

Si el Pepe, quien fuera hasta no hace mucho el mejor Presidente de la historia en la República Oriental del Uruguay. Algún día soñé e imaginé un Presidente de su talla, que camine igual que yo, que tome mate, y piense y crea en las virtudes del vivir con el capital mas importante que tenemos, el corazón.

Que tontos quienes vaticinaron un tormentoso período gubernamental, ilusos, abombados y faltos de sentimientos. Desde su mandato el Uruguay gracias a su figura alimento cada rincón del planeta con tesoros, pero esos importantes, los reales, los que llenan el espíritu y los corazones sensibles.

Nadie en el concierto mundial quiso perderse el privilegio de compartir una charla con el Pepe, ni el moreno imperial, ni el Papa, ni los Rockefeller ni los Soros, nadie quería perderse la oportunidad de conocer quien era ese viejo revolucionario que llenaba los corazones populares.

El tiempo, ese tirano, el que nos marca las horas contadas, terminó como una ráfaga cinco años de puro amor revolucionario. Si uno se vuelve exigente quizá encuentre serias y marcadas contradicciones en un mundo mercantilista capitalista que mira los bolsillos por sobre los verdaderos sentidos de la vida, pero, ¿Quién puede decir que su camino en el poder no generó corazones revolucionarios?

Fue el mismísimo Che Guevara quién dijo alguna vez que el verdadero revolucionario está guiado por verdaderos sentimientos de amor, y el Pepe, desde que asumió hasta el fin de su mandato jamás dejó de transmitir dichos sentimientos.
La historia será en definitiva la encargada de darle el justo reconocimiento a su período gubernamental, los corazones, los sensibles, los que laten incansablemente a la izquierda de los pechos, a diario seguimos regocijándonos de todo aquello que el Pepe, el simple Pepe nos dejó y nos sigue dejando.

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Wikipedia

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