lunes, 7 de septiembre de 2015

El Último Revolucionario Verdadero Facundo Cabral "La Alquimia de Mi Corazón"





Todos llevamos un alquimista dentro de nuestro ser y, muchos, ni lo saben. Yo soy exactamente aquello que digo puesto que, durante muchos años viví sin darme cuenta que, en mi persona, anidaba un ilusionista en favor de los demás. Semejante realidad, me la recordó la vida. Aferrado a mis propias convicciones, un día descubrí que, es mejor ilusionar que amargar; es mejor regalar que pedir; es mejor ofrecer que demandar; es mejor llegar que esperar; es mejor soñar que despertar; es mejor gozar de la salud antes que añorarla; es mejor ser mejor, porque de tal modo, puedes convertirte en el mismísimo amor; es decir, lograr ser todo un alquimista.

No es malo ser un ilusionista ante los demás; algunos te llamarán loco, pero no importa. Lo que en verdad interesa es la realidad con la que vives. Si logramos convertir las penas en alegrías y, a tal efecto, tenemos millones de motivos y maneras, con ello, todos seremos alquimistas en esta sociedad que hemos forjado que, hablar de tales dones, como antes decía, suena a la más completa locura; la sociedad, inmersa en lo que ellos llaman cordura, vive alejada de la propia alquimia y, de lo que es peor, carentes de toda magia e ilusión. La sociedad actual, en honor a la verdad, parecemos una cadena de desesperados cuando, en realidad, deberíamos ser un congregación de hermanos por el mundo, con la bendita ilusión de ir festejando la vida.

¿Dónde está el secreto de la alquimia? Exactamente, dentro de cada corazón. Todos somos dueños de nuestro ser, por tanto, dueños de la inmensidad del universo; siendo así, utilicemos nuestras dotes mágicas para compartirlas con los demás. Alguien está esperando que le regales unas palabras de ánimo que le albergues con la esperanza con la que sueña; eso es pura alquimia. Alguien desea compartir contigo sus ilusiones que, al entregártelas, de pronto, se convierte en el ser más importante de este mundo; eso es pura magia. Alguien camina por un sendero equivocado y, gentilmente, tú le das la mano para llevarle por el sendero adecuado; eso es ilusionismo puro. Como vemos, miles de motivos tenemos todos los días para que, todos, sin distinción, seamos los alquimistas soñados; para nosotros y para los que nos rodean que, en realidad, serán los que lo apreciarán.

Es cierto que, en ocasiones, -por no decir cada día- nos asustamos ante realidades tan latentes que, hablar de alquimia nos parece como algo extraño; digamos que, la misma magia que podemos soñar, la que sólo creemos encontrar con los ilusionistas de los circos, en realidad, la podemos practicar todos los días y en cualquier lugar; y es más, mucho más, con mejores resultados que los magos cirquences puesto que, ellos, en realidad, nos hacen ver cosas que, en contexto, no lo son; por el contrario, cualquiera, en su devenir cotidiano, puede practicar la mejor de las alquimias; la que brota del corazón de cada cual.

No te pares y, a su vez, no prives a nadie de tu alquimia; conviértete en el mago que los demás sueñan. A tal efecto, solo tendrás que poner en funcionamiento tu corazón; mirarás a tu alrededor para comprobar cuanta gente te necesita. Más de la que jamás hubieses imaginado. No privemos a nadie de los valores más trascendentales en nuestra existencia que, a su vez, tan sencillos suelen ser para dar felicidad a los demás.

Alguien espera tus palabras de consuelo; muchos serán felices contigo; los más anhelan tu cariño, tus palabras reconfortantes, en definitiva, toda la alquimia que emana tu corazón que, sin duda alguna, es el medicamento más preciado en el universo.
Tú eres, porque Dios así lo había decidido, la esperanza para los demás. De tal modo, formaremos esa cadena del amor que, unos junto a otros, conformamos este bello planeta en el que vivimos. Recuerda que, ante todo y para todos, siempre serás ese ilusionista que los demás esperan de ti. Tu alquimia será tu alimento; justamente, el que compartirás con todos tus hermanos por el mundo.

Facundo Cabral



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